Un matromonio sirviendo en Magdala

Todo en Magdala funciona como en una auténtica familia: detalles de cariño y atención mutua entre cada una de las personas

Loly and Isodoro, Voluntario de Magdala

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20 mayo, 2026

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Un matromonio sirviendo en Magdala

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Un matromonio sirviendo en Magdala

Loly Hevia, Voluntario de Magdala

Vida en comunidad: para nosotros, con hijos ya mayores y viviendo en otros lugares, volvíamos a tener jóvenes a nuestro alrededor con sus caritas sonrientes y siempre amables con nosotros. Somos conscientes del valor referencial de una pareja “ya mayor” para los jóvenes del grupo, esto añadió más valor a la experiencia.

El día a día resultó muy fluido entre trabajo, oración, adoración, misa y las reflexiones personales a veces en una comida o con una charla distendida.

El lugar que me asignaron creo que fue el mejor, “en la casa del Jefe” como dice una amiga, cuidando del lugar,Duc in altum, y con Alessandra, que tan paciente y amable explica todo lo relacionado con la liturgia: albas, casullas, etc.

Las salidas de voluntarios los fines de semana, ya sean de retiro con el padre Daniel o con las buenas explicaciones del lugar que visitamos que nos dio el padre Timothy fueron un plus en la experiencia, así como la convivencia cercana con todos los voluntarios y con los padres y consagradas. ¡Qué decir de su cercanía, su trato y su servicial actitud en todo momento!

La oración, la misa diaria, la adoración y la preparación de la cuaresma, magnífica, del padre Timothy nos hizo crecer en la fe y aprender cada día.Es por esto que Magdala es un lugar de crecimiento espiritual y también personal,donde todos los días aprendes y mejoras.

Tengo que hablar también del lugar de la zona arqueológica con la sinagoga del siglo I y de las capillas, impresionante Duc in altum y la vista del mar de Galilea, muy inspiradora. Las otras cuatro capillas con sus maravillosos mosaicos y la capilla interreligiosa del Encuentro cuya pintura ha sido muy conmovedora para mí y para los visitantes que allí se han recogido en oración sobre el suelo empedrado del pueblo de María Magdalena que aún se conserva y que pudo haber sido recorrido por el Señor en su camino hacia la sinagoga.

Loly Hevia, Voluntaria de Magdala. Asturias, España  

Isidoro Gónzalez, Voluntario de Magdala

Ya ha pasado más de un mes desde nuestra vuelta de Magdala, donde hemos estado de voluntarios durante dos meses largos y aun no hemos manifestado nuestroagradecimiento por escrito, a todo lo que hemos vivido allí.

Magdala, “ese lugar de encuentro de la historia judía y cristiana” es realmente un lugar especial, pero no solo ni principalmente por “las piedras” que allí puedes contemplar, sino por las gentes que la habitan y allí trabajan. Y que no son otros que un grupo de voluntarios acompañados de algunos sacerdotes (LC) y consagradas de Regnum Christi.  

Cuando estábamos pensando en ir a hacer nuestro voluntariado a Tierra Santa, recuerdo haber leído algo como que él incluía una vida en comunidad y una experiencia religiosa intensa. La verdad es que mi idea -a pesar de ser un católico practicante- era simplemente ir a ayudar en lo que buenamente pudiera (en las excavaciones arqueológicas, a poder ser) y de paso recorrer algunos lugares donde anduvo Jesús, nuestro Salvador.  

Pero, ahora, he de decir que sí, que ambas cosas -vida comunitaria y experiencia religiosa- se cumplieron ampliamente; así como el visitar el entorno geográfico por el que se desarrolló la vida de Nuestro Señor en la tierra.  

Desde el primer momento nos sentimos tan acogidos por el resto de voluntarios y consagrados que, enseguida, tuvimos la sensación de estar en familia. Sí, todo en Magdala funciona como en una auténtica familia: detalles de cariño y atención mutua entre cada una de las personas. Constante enfoque positivo, alguien que suple -calladamente- a donde tú no llegaste y alegría en todo momento. Como dijo otro voluntario en su despedida: “Magdala es como un trocito del cielo”.

Nosotros somos un matrimonio ya de cierta edad. Tuvieron la delicadeza de que pudiéramos estar juntos en la habitación y también nos adjudicaron la mismo área de voluntariado, por lo que casi las 24 horas estábamos juntos. Y nos fue muy bien. Y también a otros muchos voluntarios mucho más jóvenes que nos miraban con sorpresa al apreciar entre nosotros muestras de cariño, ¡como si hiciéramos algo especial!

A veces nos preguntaban acerca de cómo ser fieles en el matrimonio, pienso que lo hacían debido a la gran ola de rupturas matrimoniales que hay por todas partes.

Nos gustaría comentar que, tras un primer mes de ayuda en Magdala, estalló la guerra contra Irán. Enseguida muchos de los voluntarios, por prudencia y seguridad, tuvieron que salir del lugar. Nosotros, junto con algunos más, permanecimos allí otro mes más. Y he de decir que si el trato anterior que recibimos era bueno, desde entonces fue inmejorable. Además, los sacerdotes, muy en su tarea, decidieron la mejor forma de contribuir al restablecimiento de la paz era -¡por supuesto!- con la oración. Y, desde entonces, la adoración eucarística que se hacía durante una hora dos días a la semana, pasó a hacerse a diario y durante un largo período de horas.

También me interesa reseñar como algo muy destacado por parte de los responsables del lugar, que, aun siendo algo llevado por católicos, hay voluntarios de otras confesiones cristianas y no cristianas. También disponen de una hermosa capilla, denominada del Encuentro donde pueden realizarse celebraciones de otras confesiones cristianas. O sea que Magdala es no solo “lugar de encuentro de la historia judía y cristiana”, sino un lugar ecuménico actual. Todo el mundo allí es acogido con el mismo cariño.  

Creo que a nadie deja Magdala indiferente y menos a quienes hemos pasado un cierto tiempo en el lugar: facilita la oración porque estás pisando por las mismas losas que, seguramente, habrá pisado Jesucristo. Estás al borde del lago, que se muestra como el retablo y continuación de la capilla de la barca. Ese lago que tantos acontecimientos de la vida de Jesús y los primeros apóstoles y discípulos presenció. Y eso es innegable. Puedes tener dudas sobre si tal suceso ocurrió donde está esta iglesia o la otra, pero el lago está en el mismo lugar desde tiempo inmemorial y en torno a él -y en él- hubo milagros y, sobre todo, muchísimos acontecimientos del andar terreno de Jesús, muchos de los cuales desconocemos.

Sí. Magdala tiene algo -o mucho- especial. Por eso te invito a vivir, como lo hemos hecho nosotros, la experiencia Magdala

Isidoro Gónzalez, Voluntario de Magdala. Asturias,España

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