Hace dieciséis años, Magdala era muy diferente a como luce hoy en día. Solo había campo abierto y algunas carpas para los arqueólogos que apenas comenzaban a trabajar en el terreno. A los ojos de cualquier persona que transitara por la carretera, Magdala era simplemente un campo vacío; quizá, para quienes conocían mejor la región, existía el sitio arqueológico bajo la custodia de los franciscanos, aunque permanecía como un secreto rodeado por el Monte Arbel; el Mar de Galilea; y "campos", los que despues se conviertieorn en el siito arqueologioc que hoy recorremos.
En el verano de 2010 se realizaron estudios de prospección geofísica para determinar las características de la superficie antes de iniciar la excavación. A través del Laboratorio de Prospección Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, se llevó a cabo un estudio magnético del terreno. Mediante técnicas de topografía, resistividad eléctrica, gradiente magnético y radar de penetración terrestre (GPR), fue posible identificar la posición de las estructuras arqueológicas y calcular su profundidad antes de excavarlas.
Mucho antes de que comenzaran las excavaciones en Magdala y de que los restos arqueológicos fueran visibles, los arqueólogos ya sabíamos dónde excavar y qué resultados encontraríamos. Después de dos años de excavación continua, se descubrió gran parte de los restos arqueológicos que hoy es posible recorrer y visitar en Magdala. Finalmente, en 2014 se inauguraron el parque arqueológico y el Duc in Altum, marcando un momento histórico para Magdala, donde ahora es posible visitar y comprender mejor este poblado del siglo I.
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