Muy querida Familia de Magdala:
Les escribo estas líneas desde Magdala, a orillas del Mar de Galilea, mientras vemos en las noticias los misiles que van y vienen entre Israel e Irán. Las noticias son extremadamente alarmistas. Aquí sobre el terreno, con sinceridad les digo, estamos serenos y continuamos nuestra vida confiando en Dios.
En estos días también hemos vivido momentos muy concretos que muchos de ustedes han visto en las noticias: las sirenas de alerta. Cuando suena la sirena todo se detiene. Personas caminando, conduciendo, trabajando… todos saben inmediatamente lo que hay que hacer: buscar un espacio protegido. Es un sonido muy particular, muy penetrante, que crea un momento de silencio y de inquietud mientras uno se pregunta qué estará pasando afuera. Son momentos difíciles, momentos de tensión, pero también momentos en los que la fe se vuelve más concreta, más real.
Cuando uno experimenta la fragilidad de la vida, también descubre con mayor claridad la importancia de mantener la esperanza. Puede haber guerra e incertidumbre, y aun así existe una paz interior que viene de Dios. Como dice el Señor en el Evangelio: “La paz les dejo, mi paz les doy.”
Aquí en Magdala, la respuesta más natural ha sido intensificar la oración. Seguimos celebrando la Eucaristía cada día y rezando el Rosario especialmente por la paz. Tenemos turnos de adoración al Santísimo durante el día. Esto verdaderamente nos da mucha paz.
La Tierra Santa siempre ha sido un lugar marcado por tensiones y conflictos. Pero también es el lugar donde Dios entró en la historia de una manera definitiva: aquí se anunció el Evangelio, aquí murió y resucitó Cristo. Por esta razón, incluso en medio de las dificultades, este lugar sigue siendo un lugar de esperanza, porque aquí comenzó la historia de nuestra redención.
Este mes de marzo vivimos plenamente la Santa Cuaresma, un tiempo de éxodo espiritual, de conversión y de purificación. En este camino, la Iglesia nos invita a volver a lo esencial y a fortalecer nuestra vida interior.
Uno de los pilares de la Familia de Magdala es la formación cristiana. Decimos con frecuencia: “nadie ama lo que no conoce”. Conocer más profundamente nuestra fe nos ayuda a vivir con serenidad incluso cuando el mundo parece lleno de incertidumbres.
Con ese deseo seguimos ofreciendo espacios de encuentro con Dios y de formación: las peregrinaciones virtuales, este año guiando nuestra liturgia dominical de la mano de San Mateo que nos ayudan a prepararnos semana trás semans, los cursos de Biblia con Luli Hernández, las capsulas Magdala a tu Casa que recibimos por la comunidad de whatsaap pada jueves y otros momentos de oración y las transmisiones desde Tierra Santa. Nos alegra mucho escuchar que muchos de ustedes han encontrado en estos programas un apoyo real para su vida espiritual.
En estas semanas también nos preparamos para vivir intensamente la Semana Santa, el corazón de la experiencia litúrgica de la Iglesia. Los animamos a participar en los oficios en sus parroquias y a unirse espiritualmente a las celebraciones que transmitimos desde Magdala.
Para mí, además, este tiempo tiene un significado muy especial. El 31 de marzo de 2005 fue mi primera visita a este lugar, entonces llamado Hawaii Beach. Aquel día, al caminar por este terreno todavía vacío, sentí con mucha fuerza que Dios quería algo aquí. En un gesto muy sencillo, tiré mi rosario en medio del terreno para encomendar a la Virgen este proyecto. Desde entonces hemos visto cómo Dios ha guiado y protegido esta obra paso a paso.
Providencialmente, este mismo 31 de marzo tendremos también una adoración especial desde Magdala para toda la Familia de Magdala. Será un momento para dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho en estos años y para seguir confiando a sus manos este proyecto y la paz en Tierra Santa.
Muchos nos preguntan también sobre Rabbuní Magdala 2026. Las inscripciones siguen abiertas, nuestra intención es seguir adelante con los preparativos mientras monitoreamos con atención la situación en la región, esperando que las cosas vuelvan pronto a la normalidad.
Les queremos pedir algo muy sencillo: recen por la paz. Recen por todos los que viven en esta región, por las familias, por los niños, por quienes tienen miedo. Recen también por quienes tienen responsabilidades políticas y militares, para que puedan tomar las decisiones que conduzcan verdaderamente a la paz. Sabemos que no es fácil ni sencillo. Por eso se requiere la luz del Espíritu Santo, que actúa en ellos, aunque no sepamos cómo.
Desde Magdala queremos seguir siendo un lugar de oración por el mundo entero, un lugar donde se anuncia el Evangelio y donde tantas personas encuentran esperanza.
En estos momentos difíciles para Tierra Santa, su cercanía, su oración y su generosidad tienen un valor muy especial para sostener esta obra que Dios nos ha confiado.
Gracias por caminar con nosotros como Familia de Magdala. Su apoyo hace posible que este lugar continúe siendo un espacio de encuentro con Cristo y de oración por el mundo entero.
Que Dios los bendiga abundantemente.
P. Juan María Solana, L.C. y el equipo de Magdala
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