Carta del Padre Juan – Agosto 2026

¡No tengan miedo! El Señor camina con nosotros.

P. Juan María Solana, LC

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19 de agosto del 2026

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Carta del Padre Juan – Agosto 2026

¡No tengan miedo! El Señor camina con nosotros.

P. Juan María Solana, LC

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Carta del Padre Juan – Agosto 2026

Muy queridos amigos y Familia de Magdala:

Acabamos de desempacar las maletas después de los preciosos días vividos en Cracovia, durante Rabbuní Magdala 2026 y, con algunos de los participantes, en la peregrinación que nos llevó después hasta Roma.

Han sido días intensos, llenos de lugares, encuentros, conversaciones, oración y amistad. Ahora, al volver poco a poco a la vida ordinaria, me hago una pregunta que quizá muchos de nosotros llevamos también en el corazón: ¿qué queda después de Rabbuní?

Creo que queda mucho. Queda un poso de gratitud, una siembra de amistad y de fe, y sobre todo la esperanza de que Dios haga germinar, a su tiempo, todo lo que hemos vivido. Quedan rostros, conversaciones, momentos de oración y quizá también alguna inquietud nueva en el corazón. Queda, en definitiva, el deseo de volver a casa preguntándonos: ¿qué quiere Dios de mí ahora?

Éramos casi 130 personas de 15 países, reunidas en Cracovia. Desde allí fuimos recorriendo distintos lugares de Polonia, acompañados por nuestra agencia de peregrinaciones, New Gate Tours. Pero lo más importante no fueron solamente los lugares visitados. Muy pronto se creó entre nosotros un ambiente de familia: compartimos la mesa, los viajes, la oración, los momentos de descanso, las conversaciones y también esas pequeñas aventuras que siempre acompañan a una peregrinación.

Una de las primeras sorpresas de Rabbuní fue algo totalmente Providencial.

Apenas unos días antes de que yo saliera hacia Polonia, el Cardenal Grzegorz Ryś, Arzobispo de Cracovia, visitó Magdala. Allí tuvimos ocasión de encontrarnos y conversar, precisamente cuando nosotros estábamos a punto de partir hacia su diócesis para celebrar Rabbuní. De aquellas coincidencias que uno difícilmente puede considerar casuales, nació una invitación muy especial: celebrar la Eucaristía de clausura de Rabbuní en la capilla de su residencia, el mismo lugar donde Karol Wojtyła fue ordenado sacerdote hace casi 80 años.

Fue uno de esos regalos que la Providencia dispone con delicadeza y que uno comprende mejor cuando mira hacia atrás. Agradecemos profundamente al Cardenal su acogida fraterna, sencilla y cercana; el haber presidido nuestra concelebración y, sobre todo, las palabras llenas de profundidad evangélica que quiso compartir con nosotros.

Polonia nos fue hablando de muchas maneras.

En Cracovia visitamos los santuarios de la Divina Misericordia y de San Juan Pablo II, además de recorrer su hermosa Ciudad Antigua. En Częstochowa nos encontramos con el corazón mariano de Polonia. En Wadowice, pueblo natal de San Juan Pablo II, tuvimos la gracia de celebrar la Eucaristía en su parroquia y renovar nuestras promesas bautismales junto a la pila donde él mismo fue bautizado.

En Zakopane pudimos acercarnos a un aspecto muy humano de Karol Wojtyła: el sacerdote y pastor que disfrutaba de la montaña, de los amigos y de la naturaleza. Allí recordábamos aquellas imágenes tan familiares de él haciendo excursiones, en una canoa o compartiendo una comida en el campo.

Pero hubo también un lugar que nos obligó a guardar silencio: Auschwitz-Birkenau.

Se encoge el corazón al contemplar hasta dónde puede llegar el mal que unos seres humanos pueden causar a otros. Allí no había mucho que decir. Había que mirar, recordar, meditar y orar. Y quizá también renovar dentro de nosotros la convicción de que cada persona posee una dignidad que nunca puede ser pisoteada.

En medio de todo esto, las conferencias y momentos de oración fueron ayudándonos a profundizar en Rabbuní, la espiritualidad de Magdala, la Familia de Magdala y los retos que tenemos por delante.

Quienes quieran revivir algunos de esos momentos o profundizar en las pláticas pueden encontrarlos aquí: https://rabbuni.magdala.org/

Y sí, también disfrutamos mucho.

Hasta el clima nos ayudó: los guías locales nos decían que estábamos teniendo días excepcionalmente frescos y agradables para esa época del año.

Hubo también algunos “reclamos” porque esta vez no llevamos la tienda de Magdala… Tomamos nota. En cambio, llevamos el nuevo libro del P. Timothy y los kits de los grupos Tocando el Manto. Fue una alegría ver cómo varias personas se los llevaron con el deseo de iniciar un grupo al regresar a sus ciudades.

Para mí, este es uno de los frutos más bonitos de Rabbuní: que Rabbuní no termine en Cracovia.

Que lo vivido se transforme en oración, en nuevas amistades, en comunidad, en servicio, en iniciativas concretas y en un renovado deseo de hacer algo por el Reino de Dios allí donde cada uno ha sido llamado a vivir.

Decir “gracias” se queda corto.

Gracias a todos los organizadores, voluntarios, profesionales y personas que hicieron posibles estos días. Pero quisiera agradecer de manera muy especial a cada uno de los participantes: a quienes decidieron confiar en esta experiencia, hicieron el esfuerzo de viajar hasta Cracovia y se dejaron llevar con sencillez por el programa que habíamos preparado.

Todo resultó sorprendentemente fácil gracias a la disposición de todos, pero sobre todo, gracias al auténtico espíritu de peregrinos que cada uno trajo consigo: paciencia, puntualidad, apertura, alegría, capacidad de adaptación y deseo sincero de encontrarse con Dios y con los demás.

Ese espíritu fue quizá uno de los mayores regalos de estos días. Los mensajes que hemos recibido después son profundamente alentadores. Estoy seguro de que han nacido amistades para toda la vida y que se han sembrado muchas semillas cuyo fruto quizá solo iremos descubriendo con el paso del tiempo.

Les comparto, como un pequeño regalo, el video resumen de estos días: https://youtu.be/p8QJA0U-4FY

De Cracovia a Roma

Al terminar Rabbuní, 70 personas continuamos una peregrinación por carretera desde Cracovia hasta Roma, con una atención especial a los lugares franciscanos, en este año en que celebramos el VIII centenario de la muerte de San Francisco de Asís.

Pasamos por Olomouc, Bratislava, Viena y Padua, hasta llegar a lugares que hablan de una manera muy especial de la vida de San Francisco: La Verna, donde recibió los estigmas; Asís; y Greccio, donde en 1223 quiso representar el nacimiento de Jesús en el primer belén.

Fueron lugares que nos ayudaron a volver a lo esencial: la sencillez, la pobreza evangélica, la fraternidad y la alegría de seguir a Cristo.

Finalmente llegamos a Roma. Celebramos una preciosa Eucaristía en la Basílica de San Pedro y recibimos la bendición del Papa León XIV durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro. Visitamos también las basílicas de San Juan de Letrán y Santa María Mayor.

Y, como corresponde a una verdadera familia, terminamos con una cena muy agradable cerca de Piazza Navona. Algunos todavía tuvieron fuerzas para recorrer a pie, por la noche, las calles de la antigua Roma.

También durante esta extensión se mantuvo ese ambiente de cordialidad y familia que tanto agradecemos. Hubo mucho calor en Italia, pero también momentos preciosos de oración, convivencia y gracia.

Quiero pedirles una oración especial por Bartolomé, uno de nuestros guías polacos, que se sintió mal durante nuestra estancia en Padua y tuvo que ser hospitalizado. Lo encomendamos con cariño al Señor.

Podría seguir contando muchas cosas, pero la historia continúa y tenemos que mirar también hacia lo que viene.

Próxima parada: México

Del 3 al 27 de septiembre realizaré un viaje por la República Mexicana.

En cuanto tengamos el programa completo, con mucho gusto se lo compartiremos. Espero que podamos encontrarnos con muchos miembros y amigos de la Familia de Magdala durante esos días.

Mientras tanto, desde Magdala seguimos pidiéndoles algo que para nosotros es esencial: no dejen de rezar por la paz en Tierra Santa.

La situación continúa siendo difícil y la llegada de peregrinos sigue siendo muy limitada. Por eso agradecemos también, de corazón, a quienes pueden y desean continuar sosteniendo económicamente a Magdala durante este tiempo de prueba. Su ayuda nos permite mantener vivo este lugar, sostener a quienes lo sirven y prepararnos para el día en que podamos volver a recibir con normalidad a peregrinos de todo el mundo.  

Rabbuní terminó, pero el camino continúa. Y quizá ahora comienza lo más importante: llevar a la vida lo que hemos recibido.

Después de estos días en la tierra de San Juan Pablo II, quisiera que nos quedáramos una vez más con aquella invitación suya que tantas veces ha resonado en nuestros corazones: “¡No tengan miedo!”

No tengamos miedo de abrir de par en par las puertas a Cristo. No tengamos miedo de preguntarle qué espera de nosotros, de comenzar algo nuevo, de servir, de dar testimonio, de vivir nuestra fe con alegría y valentía.

Volvamos cada uno a nuestra realidad, a nuestras familias, comunidades y trabajos, con el corazón renovado y con ganas de hacer mucho bien. Dios hará el resto.

¡No tengan miedo! El Señor camina con nosotros.

Con una bendición muy especial,

P. Juan María Solana, LC y el equipo de Magdala

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