CROSSROADS OF JEWISH AND CHRISTIAN HISTORYLugar de encuentro de la historia Judía y Cristiana
Magdala
“Viento” Por Kathleen Nichols

Crossroads of Jewish and Christian History

“Viento” Por Kathleen Nichols

“Viento” Por Kathleen Nichols

El tiempo de silencio y tranquilidad que hemos vivido durante estos días de confinamiento en Magdala, me han permitido admirar con detalle la increíble hermosura de la región de Galilea. Las flores de la primavera tardía, las semillas y los árboles; los ciervos, las ovejas y los pájaros; el amanecer, las nubes y los vientos; todos proclaman el Evangelio con su existencia. Verdaderamente, resulta fácil creer que Jesús hiciese de este paisaje el centro de tantas predicaciones durante su Ministerio Público.

La primera vez que llegué a Magdala, fue un día de septiembre en el que el calor aún se sentía muy fuerte. Durante aquellas tardes de final de verano, el aumento del calor en la superficie del mar creaba un viento fuerte que se encontraba con el aire frío de las colinas que rodean el mar de Galilea. Con mis ojos de kayakista, observaba el viento y las corrientes de agua, calculando el tiempo y el nivel de riesgo que supondría realizar nuestras oraciones – tours en kayak, inspiradas en Magdala y que habíamos denominado “Silencio en el agua”.

A lo largo de los meses, he podido comprobar que los vientos son impredecibles en este mar del valle del Jordán. El Wadi Hamman, situado al otro lado de Magdala, actúa como embudo golpeando a menudo el lugar con vientos del oeste provenientes de la zona montañosa de Galilea. Frecuentemente, las ráfagas del este provenientes de los Altos del Golán, se elevan sin previo aviso y se oponen a ellas, provocando el caos en las aguas de la orilla de Duc in Altum. He visto vientos que vienen del sur o del suroeste, que golpean la parte norte del lago y luego cambian de rumbo de repente, conduciendo el agua en la dirección opuesta, y dejando un área entera del mar repentinamente tranquila donde, momentos antes, se había visto cubierta de una espuma blanca y enfurecida.

Me he familiarizado con las tormentas de viento secas y calientes llamadas hamsin (palabra árabe para “cincuenta”). Desde mi llegada he podido experimentar dos de estas tormentas, que pasaron brevemente sobre Magdala: una sucedió a principios de la primavera y la otra durante el otoño pasado. Suelen ser protagonistas en varias áreas del Medio Oriente, alargándose aproximadamente cincuenta días, trayendo consigo un aire lleno de arena y obstaculizando la visibilidad por una semana.

Seguramente Juan, el pescador de Galilea convertido en apóstol, conoció estas tormentas y pero ello narraba lo siguiente: “el viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va…” (Jn 3, 8). Palabras muy parecidas a las que Jesús dirige a Nicodemo, describiendo perfectamente las corrientes y los vientos del mar de Galilea que se agitan como lo hace el agua en el interior de una bol en movimiento. Palabras que son, a su vez, instrucciones para entrar en el Reino de Dios. “Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios… ustedes tienen que renacer de lo alto… el viento sopla donde quiere… no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu” (Jn 3, 5-8).

La novia en el Cantar de los Cantares habla de un viento como del espíritu dador de vida. Ella representa a las personas de todo Israel, a la Iglesia y a cada uno de nosotros. ¡El Cantar nos recuerda que Nuestro Señor nos ve más deslumbrantes y vivos que Galilea en primavera! Él quiere introducirse en cada rincón de tu corazón y de tu alma – de tu jardín – para conocerte, amarte y verte florecer.

Despierta, viento del norte,
ven, viento del sur;
haced que mi huerto exhale fragancia,
que se esparzan sus aromas.
(Cantares 4, 16)

Después de haber celebrado la Resurrección, cada uno de nosotros estamos viviendo nuestra propia hamsin mientras nos preparamos para Pentecostés. Cincuenta días después de la Pascua, el viento del Espíritu Santo se introduce en nuestros corazones y nuestras almas. El aliento de Dios sopla donde quiere; en ocasiones puede estar agitado y parecer caótico e incluso cambiar el curso de las cosas sin previo aviso tal como lo hace el viento de Galilea; otras veces es una brisa cálida de la ladera que despierta los colores, los sonidos y las melodías de la vida que nos rodea; el Espíritu es también el aliento suave y acogedor de nuestros seres queridos que otorga fortaleza y alegría a nuestros corazones. De todas las maneras, el viento del Espíritu nos permite “renacer de lo alto”, ser conocidos y llamados por Dios a “entrar en el Reino” de bondad, de belleza, de vida y de amor.


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Magdala se encuentra ubicado en el poblado actual de Migdal, en la orilla este del Mar de Galilea (Kinneret en hebreo) y se encuentra a las faldas del Monte Arbel.Read More

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