CROSSROADS OF JEWISH AND CHRISTIAN HISTORYLugar de encuentro de la historia Judía y Cristiana
Magdala
HIC por Kathleen Nichols

Crossroads of Jewish and Christian History

HIC por Kathleen Nichols

HIC por Kathleen Nichols

Estando en cuarentena acá en Magdala, debido a la crisis de salud global, se siente como estar abandonada en un paraíso. La belleza de Galilea en la primavera, con la vida despertando entre colores y cantos de los pájaros, se contrasta un poco con aquello por lo que rezamos diariamente acá en Magdala. Le entregamos a Cristo los enfermos y sus familias, la temerosa situación económica por el impacto de no tener visitantes y los muchos peregrinos que fueron forzados a cancelar sus viajes a Tierra Santa. Desde el altar de la barca, Jesús nos llama una vez más a remar mar adentro. Me encuentro en a mí misma en un tiempo para reflexionar un poco sobre mi experiencia en Tierra Santa estos últimos siete meses…

Así como el polvo se adhiere a los pies de los peregrinos que caminan por Galilea, el amor por Tierra Santa se adhirió a mi corazón después de mi primera visita en el 2008. Mi sueño desde entonces era regresar…

Me siento excesivamente agradecida de haber sido asignada en Magdala para desarrollar el proyecto llamado Inspiración Magdalena, en conjunto con sus actividades, eventos y asociaciones en torno a la dignidad de la mujer. La misión es ayudar a maximizar la experiencia personal que los visitantes tienen en Magdala, para que esta se adhiera a sus corazones e impacte sus vidas cuando estos regresen a sus casas.

¿Cómo podría resumir la gracia inmensa de vivir el sueño, mi sueño, de servir en Tierra Santa? “El verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”. Estas familiares palabras del evangelio resumen mi experiencia estos últimos seis meses. Vivo aquí, en el lugar donde Jesús vivió la mayoría de tiempo durante su vida pública.

En Tierra Santa, es común ver la palabra HIC grabada en las piedras de los lugares santos. Su significado en latín significa “aquí, en este lugar”. Podría asociarla mi nuevo hogar y apostolado. Esta palabra, llama a cada visitante que pasa por esta tierra.

Aquí, María fue visitada por el Ángel y el verbo se hizo carne;
aquí, nació Jesús;
aquí, Él llamó a sus apóstoles;
aquí, María Magdalena fue curada;
aquí, Él fue transfigurado y habló con Moisés y Elías;
aquí, estaba el Templo donde Él enseñó;
aquí, Jesús enseñó las bienaventuranzas;
aquí, está la vía por la que caminó hacia Jerusalén;
aquí, fue bautizado y tentado;
aquí, celebró la última cena;
aquí, murió y resucitó;

Ver, tocar y caminar estos lugares donde Jesús vivió, ha facilitado mi conciencia de la realidad de que Dios se hizo hombre en un lugar y en un tiempo concreto. Es deleitante el pensar que lo que veo cada día en este lugar, es lo mismo que Jesús presenció.

Nuestra comunidad está situada al lado de la sinagoga del primer siglo, donde muy probablemente Jesús predicó, enseñó y curó. Diariamente veo el amanecer sobre el agua, con el Monte Hermón a la distancia y recuerdo en Salmos 133 que dice “Es como un rocío del Hermón, que baja sobre las montañas de Sión. Allí el Señor otorgó su bendición, la vida para siempre”. Contemplo los barcos cruzando el lago lleno de visitantes ansiosos de estar en las mismas aguas en la que los apóstoles pescaron y por las que Jesús caminó. Cada mañana camino por Magdala y en sus ruinas puedo imaginarme el lugar próspero que fue hace miles de años. Observo en el cielo a los pájaros, migrando por el Valle del Jordán, desde Rusia hasta África de manera fascinante. Yo he sido testigo de cómo los colores cambian a través de las estaciones en el Monte de las Bienaventuranzas y en Cafarnaúm; y también del suave dorado del atardecer reflejando los Altos del Golán. Mi ruta favorita es el viaje hacia Jerusalén por el desierto, la cual ha sido utilizada por peregrinos judíos y cristianos por miles de años.

Estas cosas externas, me han llevado a experimentar más a fondo una realidad espiritual interna y fundamental: yo soy –todos somos– ese lugar de duelo de Dios, donde Él vive. Todos somos el lugar real y físico donde Él camina… Todos somos, en realidad, un “lugar santo” el cual Jesús santifica con su presencia. Todos somos ese “acá” donde Él puede ser encontrado.

Mi oración personal en el Cantar de los Cantares estos meses ha traído esta verdad a casa de una manera más fuerte. Describe el Puente usando la geografía, flora y fauna de Tierra Santa. El Amado (Dios) es presentado como el Templo. Cuando recientemente caminé por la explanada del Templo, su tamaño me habló claramente de Su gloria, de la impresionante presencia que alguna vez tuvo en esta tierra, y del testigo de fe que fue para tantas personas. Me sentí invitada a concientizarme de la presencia de Dios dentro de mí –yo soy Su tierra y Él está en mi centro–.

La diversa belleza de Tierra Santa me ha ayudado a embrazar mucho mejor estas realidades análogas en mi vida propia –mi tierra– para que Cristo pueda amar y santificarme con su presencia y hacerme testigo de la fe. HIC. Acá, en este lugar, “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Él está acá. Está dentro de mí, me purifica y me santifica.


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Magdala se encuentra ubicado en el poblado actual de Migdal, en la orilla este del Mar de Galilea (Kinneret en hebreo) y se encuentra a las faldas del Monte Arbel.Read More

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