CROSSROADS OF JEWISH AND CHRISTIAN HISTORYLugar de encuentro de la historia Judía y Cristiana
Magdala
El Cordero del Sacrifico por Dana Tinathova

Crossroads of Jewish and Christian History

El Cordero del Sacrifico por Dana Tinathova

El Cordero del Sacrifico por Dana Tinathova

Varia gente me repitió lo siguiente después de guiarlos por el sitio de Magdala: “¡Qué bendición para ti poder estar en Tierra Santa durante la Cuaresma!” Yo solo asentí con mi cabeza sin saber qué responder. En realidad, no sentí que era Cuaresma y no fui capaz de ayunar o de dejar algo por el Señor como hubiera hecho normalmente en mi casa. Este era el momento perfecto para dejar mis “posesiones” pero no tuve la fortaleza para hacerlo… Solo seguí mi rutina diaria y no traté de escucharlo… Hasta un domingo en el que todo cambió.

Un sacerdote de Ohio, llamado Rob, vino a Magdala y quería celebrar misa en la capilla de María Magdalena pero no tenía gente con quién celebrarla. Hablé con él del sitio y terminé acompañándolo en la misa. En ese momento Él comenzó a hablarme y a escucharme; Él dijo: “Pero no se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No la notan? Sí, trazaré una ruta en las soledades y pondré praderas en el desierto”. (Is 43, 18-19). Él me aseguró que está trabajando en mí y que solo debo ser paciente (cosa para la que nunca he sido buena).

Serví en la misa del Padre Rob y, por primera vez, Dios me permitió ver desde muy cerca cómo el pan y el vino se transforman en cuerpo y sangre. Era tan personal, ¡se sintió como si el sacrificio fuera solo por mí! Desde ese momento, comenzó mi Cuaresma.

Magdala organizó un increíble programa para los voluntarios en la Pascua. Comenzamos con la procesión del Domingo de Ramos, caminamos con miles de cristianos de Tierra Santa y bajamos el Monte de los Olivos con canciones y alabanzas para el “bendecido que viene en nombre del Señor”. ¡Estabamos llenos de alegría porque el Rey estaba entrando en Jerusalén!

Lunes Santo llegó y decidí ayunar (comiendo un pan pita al día y bebiendo agua) por los siguientes cinco días. Quería sufrir para poder entender un poco Su sufrimiento (sabiendo que no se compara con lo que Él hizo por mí). El Jueves Santo tuve una experiencia muy fuerte cuando me fui al Santo Sepulcro a pasar la noche, fueron 12 horas de frío, hambre y sueño. Al igual que los discípulos, tampoco fui capaz de estar despierta y rezar toda la noche, pero pude dedicar ese tiempo para leer la Pasión y el Éxodo y así entender mejor por lo que Él pasó.

A pesar de que mi preparación fue corta, pude reconocer verdaderamente que Él es el cordero sacrificado por mí, el cual proclamé durante el Viernes Santo y la cena pascual. La sangre de un cordero se debía derramar en Egipto para que los israelitas pudieran ser salvados por el ángel de la muerte y, del mismo modo, la sangre del perfecto sacrificio debe derramarse, el sacrificio de Jesús en la cruz; el sacrificio del nuevo pacto, el sacrificio del amor.

Ahora, se lo proclamo a todo el mundo con alegría: ¡Él ha resucitado! Yo soy una María Magdalena del hoy, una mujer con muchos pecados a la cual se me ha encargado anunciar al mundo esta noticia de la Resurrección. ¡Y a tí también!


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